Empezaron como un truco para que obreros tailandeses no se durmieran en plena noche de trabajo. Casi cincuenta años después, las bebidas energéticas han fichado a Kim Kardashian, han cambiado el negro flúor por el rosa pastel y se han colado en el imaginario juvenil como el combustible oficial de una generación que no puede permitirse frenar.
¿Cómo empezó todo? El origen no tiene nada de glamuroso. A finales de los setenta, un empresario farmacéutico de Bangkok creó un brebaje llamado Krathing Daeng para que los obreros aguantaran despiertos toda la noche. En 1987 llegó a Austria como Red Bull y en 1997 conquistó a los adolescentes estadounidenses.
¿Y quién era el público objetivo? El objetivo inicial eran los deportistas, pero la marca giró hacia los hombres jóvenes.
El otro lado del auge de estos productos. Pueden causar arritmias, hipertensión, insomnio y nerviosismo. Una lata puede contener tanta cafeína como dos cafés concentrados y azúcar equivalente al 10% de las calorías diarias recomendadas.
¿Se le puede poner freno? El 60% de los países ya regula su venta o publicidad. Galicia las prohibió y el Gobierno central quiere hacer lo mismo. Mientras el consumo de alcohol joven cae, el de estas bebidas ha subido un 13%.
©Foto: Europa Press
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