Un simple movimiento que produce un característico sonido se ha vuelto un hábito automático para millones de personas.
Crujirse el cuello parece ofrecer alivio instantáneo a la tensión acumulada, pero los especialistas alertan sobre los riesgos de convertir esta práctica en rutina diaria.
Noticias relacionadas
¿Es seguro beber de una botella de plástico olvidada en el auto bajo el sol?
Investigan muertes neonatales en Guayaquil por posible brote de bacteria multirresistente
Terapia cognitiva funcional podría reducir la discapacidad por dolor lumbar crónico hasta por tres años
La Dra. Deborah Benzil, neurocirujana de Cleveland Clinic, explica por qué la moderación es clave para mantener la salud cervical.
El límite entre alivio y daño
Aunque la columna vertebral está diseñada para ser flexible y permitir diversos movimientos, incluidos los que producen el crujido, la especialista es clara:
"Hacer crujir el cuello está bien siempre que se haga con poca frecuencia y sin mucha fuerza. Es como todo en la vida: un poco está bien, pero demasiado puede ser perjudicial".
El sonido característico proviene de la liberación de burbujas de gas acumuladas en el líquido sinovial que lubrica las articulaciones. Sin embargo, esta sensación momentánea de alivio no resuelve la causa subyacente de la tensión muscular.
Riesgos de la manipulación excesiva
La práctica compulsiva de crujirse el cuello puede desencadenar una serie de problemas de salud:
Los pacientes con enfermedades preexistentes como hernias discales, artrosis o inestabilidad vertebral enfrentan riesgos aún mayores. Ante cualquier dolor agudo, entumecimiento o debilidad tras intentar crujir el cuello puede indicar una lesión grave que requiere atención médica inmediata.
Alternativas seguras para el alivio cervical
En lugar de recurrir a la manipulación forzada, los especialistas recomiendan estrategias más seguras:
Ejercicios de fortalecimiento y estiramiento
Mejoras ergonómicas en el lugar de trabajo
Cuándo buscar ayuda médica
Cuando el dolor cervical aparece de forma recurrente, es momento de consultar a un profesional. Establecer la causa exacta permite recibir un diagnóstico adecuado y adoptar un plan de tratamiento personalizado que puede incluir fisioterapia, ejercicios específicos o evaluación especializada.
El autocuidado preventivo, que incluye evitar movimientos forzados, mantener buenas prácticas posturales y realizar actividad física regular, constituye la mejor estrategia para proteger la integridad articular a largo plazo.