Cuando una persona comienza a presentar problemas de memoria o cambios en su capacidad para pensar, muchas familias asumen que se trata de alzhéimer. Sin embargo, esta no es la única causa de deterioro cognitivo. La demencia vascular representa entre el 15% y el 20% de los casos de demencia, lo que la convierte en la segunda forma más frecuente después del alzhéimer.
Esta enfermedad se desarrolla como consecuencia de una disminución del flujo sanguíneo hacia el cerebro, lo que provoca lesiones en las células cerebrales y afecta funciones esenciales como la memoria, el lenguaje, el juicio, el pensamiento y la conducta.
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¿Qué causa la demencia vascular?
La demencia vascular suele aparecer después de un accidente cerebrovascular (ACV) importante o tras múltiples microinfartos cerebrales que dañan progresivamente distintas áreas del cerebro. También puede originarse por hemorragias cerebrales o, en algunos casos, por enfermedades hereditarias menos frecuentes que comprometen los vasos sanguíneos.
A diferencia del alzhéimer, cuyo origen está relacionado con la acumulación anormal de proteínas beta-amiloide y tau en el cerebro, la demencia vascular está directamente asociada al daño provocado por problemas en la circulación cerebral.
¿En qué se diferencia del alzhéimer?
Aunque ambas enfermedades pueden provocar pérdida de memoria y deterioro cognitivo, su evolución suele ser distinta.
En el alzhéimer, el deterioro generalmente avanza de forma lenta y progresiva. En cambio, la demencia vascular suele presentar un patrón escalonado, en el que la persona experimenta empeoramientos bruscos tras nuevos eventos cerebrovasculares.
Además, en la demencia vascular son frecuentes las dificultades para mantener la atención, planificar actividades y tomar decisiones, mientras que el alzhéimer suele manifestarse inicialmente con desorientación, problemas del lenguaje y pérdida progresiva de la memoria.
Los síntomas pueden confundirse
Los especialistas advierten que distinguir ambos trastornos no siempre es sencillo, ya que muchas formas de demencia comparten síntomas similares e incluso pueden coexistir en una misma persona, dando lugar a una demencia mixta, en la que se combinan alteraciones vasculares y enfermedad de Alzheimer.
Por ello, el diagnóstico requiere una evaluación clínica completa, exploración neurológica y estudios de imágenes que permitan identificar la causa del deterioro cognitivo.
La importancia de un diagnóstico temprano
Detectar la demencia en sus primeras etapas permite iniciar estrategias que ayuden a ralentizar el deterioro cognitivo, controlar los factores de riesgo cardiovasculares y mejorar la calidad de vida tanto del paciente como de su familia.
El tratamiento suele ser multidisciplinario e incluye atención médica, rehabilitación cognitiva, terapia ocupacional, apoyo psicológico y educación para los cuidadores.
Con el envejecimiento de la población y el aumento de enfermedades como el accidente cerebrovascular, los expertos destacan que reconocer las diferencias entre los distintos tipos de demencia será cada vez más importante para favorecer un diagnóstico oportuno y una atención adecuada.