Desigual le planta cara a la tecnología. Frente al poder que le hemos concedido a las IA y algoritmos sobre nuestros gustos (deciden qué vemos, qué compramos y hasta qué cara debemos tener), la moda está liderando su propio renaissance of real (renacimiento de lo real), una tendencia que responde al hastío digital reivindicando lo que ninguna máquina acaba de entender: la personalidad, lo imprevisible, el libre albedrío... En definitiva, lo humano.
Protagonizada por la modelo y activista Vivian Jenna Wilson, la nueva campaña de Desigual, Born to disobey, no nos propone luchar contra el progreso, sino hacerse a un lado para recuperar el valor de todo lo que escapa a su lógica. “La imperfección se convierte en una elección de diseño deliberada y estratégica”, apuntaban desde la consultora de tendencias WGSN, sobre este nuevo renacimiento. Lo que Desigual, fiel a su ADN, ha traducido en una propuesta dominada por el denim, el color y la ironía.
Y si alguien sabe lo que es desafiar a la tecnología (o al menos, a uno de sus poderosos tecnoligarcas), es Vivian Jenna Wilson. La hija de Elon Musk, de quien se distanció desde que comenzó su proceso de transición de género, representa todo lo que el magnate descalifica con la etiqueta de woke: una personalidad comprometida e irreverente, reflejo de una generación que no tiene interés en encajar dentro de ningún molde; lo que reclama es su derecho a ser quien quiere ser y decidir cómo expresarlo.
En Born to disobey, Wilson pasa su día con DESI 84, un robot aparentemente perfecto y servicial, dispuesto a servir al humano que lo ha comprado. Haciendo honor al lema de su camiseta (y de la campaña), la modelo pone a prueba a este sucesor del robot Emilio, llevándolo a situaciones que se escapan a su programación. ¿El resultado? No será él quien nos automatice. Cuando la realidad exige algo que no figura en su código, algo tan humano como el ingenio o la creatividad, se convierte en una máquina torpe y bobalicona.
Tras muchos años en los que la industria ha intentado que la ropa fuera más inteligente y futurista, Desigual reivindica con esta fantasía offline su uso como herramienta de expresión personal. Porque, frente a un algoritmo que intenta anticipar y uniformar nuestros gustos, “el acto más desobediente es seguir siendo uno mismo”.
Desobedecer al algoritmo
La colección de Desigual se reafirma en el valor del proceso y la imperfección. Aunque hay ecos de los 2000, la década más radicalmente libre (y quizás por eso es la más denostada), la propuesta no busca replicar una estética concreta, sino recuperar aquella forma más juguetona e intuitiva de vivir la moda.
Aquí, el denim pierde las formas. Es el tejido protagonista de la colección, donde conquista territorios que tradicionalmente pertenecían a otros materiales, como las chaquetas de inspiración napoleónica o gabardinas de corte oversize. También se aleja del clásico índigo, para apostar por los degradados y los tonos rojizos.
Pero si hay una prenda que resume ese renacimiento analógico son los pantalones vaqueros. Desigual vuelve a juguetear con los patrones y, literalmente, les da la vuelta: las campanas se llenan de bolsillos que imitan la silueta de la cintura, mientras que la misma baja hasta la cadera y se simplifica para dejar espacio a los complementos.
La moda como expresión
En el sentido más literal, la camiseta vuelve a convertirse en un estandarte de todo lo que queremos expresar. Born to disobey, el lema de la campaña, ocupa el centro de una baby tee en rojo o verde militar, con la que Desigual quiere recordarnos que la autenticidad nunca pasa de moda.
Esa necesidad de expresión se traslada también al color. El rojo, uno de los colores de la temporada, recorre la colección desde los índigos más profundos hasta los burdeos lavados. También hay concesiones a los amarillos, naranjas y verdes, aportando una nota de energía y optimismo a una paleta que no tiene intención de pasar desapercibida.
La naturaleza también se abre paso en la colección. Por un lado, los estampados florales y botánicos se reinterpretan desde una mirada más gráfica y contemporánea. Por otro, Desigual propone el estampado de vaca como candidato a animal print del otoño, plasmándolo en un abrigo dispuesto a robar todas las miradas.
Tampoco hay una silueta específica. Lo ajustado convive con volúmenes amplios, la estructura con la fluidez y las proporciones cambian de una prenda a otra. El uniforme de la desobediencia, en realidad, consiste en no llevar ninguno.